Viernes, 20 Febrero 2015 15:20

¿Quiero ser formal? Destacado

Haku Wiñay Haku Wiñay Foncodes

Por: Caroline Gibu

 

Días atrás escuchaba por la radio una discusión sobre cómo promover la formalidad de las pequeñas y medianas empresas respecto a la contratación de sus trabajadores, a propósito de la derogada Ley Pulpín. Uno de los comentarios que más me llamó la atención era el que proponía la simplificación de trámites, la dotación de incentivos económicos, el acompañamiento técnico y la capacitación. Con ello, decía el comentarista, se mejoraría la productividad de la empresa, incrementaría sus utilidades y por ende podría remunerar mejor a sus trabajadores y cumplir poco a poco con los requisitos de ley. 

 

Y allí, inmediatamente me vinieron a la cabeza varias preguntas: ¿todos esos incentivos y logros llevarán al emprendedor a pagar mejor a sus trabajadores, a pagarles el seguro social? O será que el excedente lo utilizará para invertir en la infraestructura de la empresa, mejorar su propia casa, o enviar a su hijo a la universidad. ¿Este emprendedor más productivo pagará impuestos? ¿Comprará a proveedores formales y les exigirá factura? ¿Qué motiva realmente a una persona a cumplir con la ley?

 

El día martes 10 de febrero en la Universidad del Pacífico se presentó el Informe sobre el Desarrollo Mundial: Mente, Sociedad y Conducta que hace un análisis de cómo las personas tomamos decisiones y cómo éste proceso debe ser considerado para el desarrollo de políticas públicas. Esta interesante infografía resume las principales ideas del Informe que en líneas generales cito casi textualmente aquí:

 

“Los economistas típicamente suponen que las personas toman decisiones racionales - sopesan adecuadamente las opciones, analizan toda la información disponible, y toman decisiones individualmente. Estos supuestos no son suficientes… las personas pensamos automáticamente (tendemos a pensar rápidamente y buscamos atajos mentales); pensamos socialmente (cooperamos en la medida que otros hagan lo mismo, y confiamos en redes y normas sociales); y pensamos con modelos mentales (no inventamos nuevos conceptos, sino que más bien utilizamos modelos mentales extraídos de la sociedad y de una historia compartida)”.

 

Y justamente el arte de poder llevar a buen término cualquier reforma en el Estado es entender estos tres tipos de pensamiento, y aplicar buenas prácticas tomando en cuenta los mismos.

 

Así por ejemplo, pienso que los procesos de simplificación administrativa están orientados al pensamiento automático: a nadie le gusta que le den 20 requisitos y tener que recorrer varias ventanillas para hacer un trámite; a nadie le gusta que le hablen en difícil. Menos requisitos, menos pasos, más información sencilla, mejor para el ciudadano. Exporta Fácil es un caso de éxito de este tipo: Permite a pequeños y micro empresarios exportar productos por valores no mayores a US$5,000. Todos los formularios se llenan en línea disponible las 24 horas del día. Ello ha llevado a que los montos de exportación pasen de US$ 205,586 (2007) a US$ 3´375,178 (2013). Por esta práctica la Sunat ganó el Premio a las Buenas Prácticas en Gestión Pública 2008 en la Categoría Simplificación de Trámites.

 

Por otro lado, aquellos procesos de transferencia de tecnología a través de pares y los mecanismos de autocontrol comunitario están vinculados con el pensamiento social: la comunidad es un referente importante – de reconocimiento y de sanción -  para la toma de decisiones de los individuos. El resultado que ha tenido el programa Mi Chacra Emprendedora - Haku Wiñay nos da un ejemplo de la aplicación de una política de inclusión social tomando en cuenta el pensamiento social. En este programa se conforman núcleos ejecutores que se autogestionan sobre la base de la colaboración con el fin de mejorar los sistemas productivos de familias rurales de una comunidad. La transmisión de conocimiento se realiza de campesino a campesino, promovido por talentos locales o “yachachiq” (en quechua: líder que enseña) quien es un referente reconocido por la comunidad. Para el año 2013, Haku Wiñay logró que 3,855 familias de Ayacucho, Abancay, Huánuco y Huancavelica contaran con sistemas de riego, y que 2,500 familias de dichas zonas contaran con viviendas saludables (¿se imagina lo difícil que debe ser cambiar las costumbres locales para instalar cocinas mejoradas, agua segura y manejo de residuos sólidos?). Por ello, Foncodes ganó el Premio Buenas Prácticas en Gestión Pública 2014 en la categoría Inclusión Social.

 

Quizás lo más difícil para quienes diseñan las políticas públicas es romper con modelos mentales preconcebidos en la sociedad. Sobre todo con aquellos modelos arraigados en las personas respecto a la administración pública: para muchos las instituciones del Estado no funcionan y nunca funcionarán;  existe y siempre persistirá la corrupción porque prima la impunidad; de nada sirve cumplir con la ley porque siempre habrá otro que no la cumpla y me ganará por puesta de mano, y que nada de todo esto cambiará. No dejan de tener razón pero sería erróneo quedarnos allí. Demostrar que algunas instituciones públicas son eficaces y eficientes, que imponen consistentemente premios y sanciones, y que son justas y transparentes en sus decisiones aportará a cambiar esos modelos.

 

Y en el caso de la informalidad en el empleo, las evidencias que trae el Informe parecieran indicarnos que debemos implementar reformas que apunten a la simplificación de trámites, a la formación de capacidades, a los mecanismos de premio, control y sanción, y al fortalecimiento de instituciones, pero también a la formación de referentes sociales y a la difusión de ejemplos concretos – incluso en la formas más lúdicas e inusuales - que ayuden a cambiar conductas y que rompan con la idea que la formalidad no trae beneficios (tanto para el empleador como para el empleado). Para ello, el diseño de la política debe ser multidiciplinario y no basta con una visión económica y racional del tema: implica incorporar a profesionales provenientes de la psicología, sociología, la comunicación entre otros en el diseño y, cada vez más, escuchar, entender y retroalimentarse de las voces de quienes son el público objetivo de la política pública.  

¡Gracias por leerme! ¡Y que empiece la conversación!

 

 

 

 

 

 

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